💜Encarna es manchega de 62 años y, desde muy joven, decidió abrirse al mundo🌎. A los 18 años dejó su pueblo natal, Puertollano (Ciudad Real), y se marchó a Madrid para estudiar Derecho⚖️. Tras aprobar una oposición, se trasladó a Canarias, donde se reencontró con su marido, amigo de su hermano. Vivió años muy felices, aunque añoraba su tierra. Por eso, cuando su padre enfermó, supo que era el momento de regresar a Madrid. Desde el año 2000 vive en Ciempozuelos, rodeada de recuerdos, familia y amigas que le enseñan las tradiciones del municipio.
Fue aquí donde dos de ellas pusieron en marcha el Taller de Deberes🖍️, donde se ayudaba a los niños y niñas👦🏼👧🏻 que lo necesitaban con las tareas del colegio, se les daba de merendar y no dudaban en celebrar los “no cumpleaños” para que todos tuviesen su detalle. Encarna también participó en la reactivación de la Unión de Mujeres👩🏻👩🏻🦰, una asociación que organizaba talleres, charlas, visitas guiadas y actividades para empoderar a mujeres de todas las edades. Aunque hoy la asociación permanece “dormida” desde la pandemia, Encarna espera que pronto vuelva a despertar y siga cumpliendo su misión. Porque para ella, el feminismo 👩🏻no es solo una lucha colectiva: es la fuerza que permite mirarse a una misma, crecer y construir un futuro donde todas las niñas y mujeres puedan ser lo que sueñen.
Y es que, desde su niñez, Encarna ya percibía las desigualdades: “Las niñas desde muy pequeñas teníamos que hacer labores en casa y, probablemente, los hermanos mientras estaban jugando”. Durante su trayectoria profesional en los juzgados y ahora en la Oficina Judicial Municipal, también se ha enfrentado en un par de ocasiones a la discriminación de género, con dos hombres que se negaban a ser atendidos por ella por el hecho de ser mujer.
A pesar de todo, Encarna sigue convencida de que la igualdad no es un sueño lejano, sino un camino que cada gesto y cada enseñanza puede construir día a día💜.